domingo, 24 de noviembre de 2013

Globalización, arma de doble filo


Desde aquella caída de una absurda pared que dividía al mundo –económicamente– en dos mitades,  se inició la era de la ‘no frontera’ y nuestro planeta empezó a unificarse. Ninguna cultura, nación, o comunidad, no tenía pretexto para no conocer lo que sucede a miles de kilómetros de sus hogares. Así mismo, las grandes potencias a nivel mundial, gracias a la globalización, logran llegar a lo más recóndito del globo terrestre y poco a poco, con ayuda de la tecnología, ‘obtienen’ más países que alimentan su poderío.

No cabe duda que este fenómeno del siglo XXI ha conseguido que varias sociedades se desarrollen y crezcan en pro de sus pobladores. En la actualidad, los Tratados de Libre Comercio (TLC) se firman a la hora del día, consiguiendo que cualquier Estado ingrese al sistema económico que rige hoy en día. Ahora, las poderosas empresas y los grandes capitales invierten sin mucha dificultad en distintos países gracias a la Globalización.

El Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación de España, mostró un informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) el cual consideraba que “la mayor parte de los países de Asia Oriental, que se contaban entre los más pobres del mundo hace 40 años, se han convertido en países dinámicos y prósperos gracias a la aplicación de políticas de apertura al exterior.” Siendo un poco más específicos, la prosperidad se traduce en que aquellas naciones que “mejoraron las condiciones de vida, avanzaron en su proceso democrático; en el plano económico, lograron progresos en cuestiones como el medio ambiente y las condiciones de trabajo.”

Las cifras no mienten, es real que la Globalización ha repercutido de manera positiva en la humanidad. No obstante, vale acotar que el sistema que está permitiendo que los países evolucionen es el capitalismo: modelo económico propio del imperio yanqui que para algunos se interpreta como “si tienes dinero, bien por ti; si no, mendigo serás.” Quizás algo de cierto tenga esta frase, puesto que no todo es color de rosa.

Esto último se puede asegurar, ya que aún existe pobreza en cualquier punto de cualquier continente. Sin ir muy lejos, según la Organización de los Estados Americanos (OEA) en un estudio que se realizó en junio de 2012, cerca de 300 millones de personas de Latinoamérica son pobres. Este número, el cual equivale al 34% de la toda la población, es un latente ejemplo de que el proceso de globalizar al mundo no es uniforme en todos los lugares. Y ni qué decir de África. Los números hasta pueden duplicarse si se comparan con los anteriores.

Dejando de lado las estadísticas, este fenómeno contemporáneo provoca que haya una industrialización de culturas. ¿Cómo es esto? Sencillo: exportar e importar costumbres, folklore, gastronomía, vestimenta, etc. El libre mercado (el cual propone el capitalismo) permite que exista este tipo de negocios. Esta es una de las principales características y ventajas que trae consigo la Globalización. Facilita que a tu cultura la conozcan hasta la comunidad más pequeña de la Tierra.

Al Perú le ha sentado muy bien esta última cualidad, puesto que en los últimos años su economía ha prosperado gracias a nuestra ‘peruanidad’. Este término abarca nuestros destinos turísticos que poseemos para ofrecer, nuestra gloriosa comida como atractivo principal, nuestras tradiciones como los carnavales, nuestra moda y demás aspectos que generan considerables ingresos tanto internos como externos.

Un ejemplo muy claro es lo que viene sucediendo con la famosa “Marca Perú”, la cual se ha propuesto impulsar nuestra cultura a todos los continentes y países del mundo. Primero empezó por Estados Unidos con la campaña Perú Nebraska, luego se siguió expandiendo hasta llegar a Italia con tradiciones loretanas, para después seguir con su estrategia en naciones como España, Argentina y Canadá.

Antes se daba por sentenciado que millones de personas no tenían conocimiento sobre qué es un apetecible cuy chactado, una ferviente Fiesta de la Candelaria, un armonioso huayno o un abrigador chullo. Aquella ignorancia se eliminó gracias a la Globalización; ya que ésta interrelaciona culturas, permitiendo el intercambio de modas, ideas, valores, pensamientos, tecnologías, etc. En términos generales, Marca Perú convirtió cercano lo distinto, si es que lo vemos con ojos de extranjeros.

Pero como ya hemos dicho anteriormente, todo pro tiene su contra. ¿Cuál sería entonces, la contra de este fenómeno para nuestro país? Si partimos de la idea que cada vez más ciudadanos peruanos se encuentran alienados con modas no propias de su cultura, sí estaríamos hablando de una desventaja. Sin embargo, eso sería solo la punta del iceberg. Una de las nefastas consecuencias que nos generaría este fenómeno, sería la de ser parte de las crisis mundiales.

El ‘efecto dominó’ es el talón de Aquiles de la Globalización. Solo bastaría que un país ‘caiga’ económicamente para que los demás también lo hagan. Perú, actualmente, se encuentra tan interrelacionado con las potencias mundiales, que si una crisis se desarrollaría en Norteamérica, Europa o Asia, sí nos afectaría directamente. Aparte, si a eso le sumamos que nuestro Estado no es sólido socialmente ni económicamente, una posible depresión finiquitaría rápidamente con nuestra poca estabilidad alcanzada. De que la podríamos solucionar, sí. Mas tomaría mucho más tiempo de lo que normalmente un país desarrollado demoraría en recuperarse.

La ciudadanía peruana en el presente, atrapada en las redes de la Globalización, ha llevado a sus habitantes emprendedores a una actitud completamente capitalista en su mayoría, ciego a los valores humanos y espirituales, y resignado a las decisiones de los que manejan los grandes capitales que mueven la economía local. ¿Cómo es que podemos ser tan indiferentes con nuestra propia comunidad? Mientras el sistema te recuerda que sin dinero no puedes lograr nada y realizas todo lo posible por obtenerlo; (es decir, enriqueciéndote) niños y demás personas misérrimas de diferentes provincias mueren de hambre, de frío o de cualquier enfermedad. 

El egoísmo y la avaricia, quizá sean unos de los defectos más grandes que desencadena el capitalismo, y de paso, la Globalización.

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