Desde aquella caída de una absurda pared que dividía al mundo –económicamente– en dos mitades, se inició la era de la ‘no frontera’ y nuestro planeta empezó a unificarse. Ninguna cultura, nación, o comunidad, no tenía pretexto para no conocer lo que sucede a miles de kilómetros de sus hogares. Así mismo, las grandes potencias a nivel mundial, gracias a la globalización, logran llegar a lo más recóndito del globo terrestre y poco a poco, con ayuda de la tecnología, ‘obtienen’ más países que alimentan su poderío.
No
cabe duda que este fenómeno del siglo XXI ha conseguido que varias sociedades
se desarrollen y crezcan en pro de sus pobladores. En la actualidad, los
Tratados de Libre Comercio (TLC) se firman a la hora del día, consiguiendo que
cualquier Estado ingrese al sistema económico que rige hoy en día. Ahora, las
poderosas empresas y los grandes capitales invierten sin mucha dificultad en
distintos países gracias a la Globalización.
El
Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación de España, mostró un informe
del Fondo Monetario Internacional (FMI) el cual consideraba que “la mayor parte de los países de Asia
Oriental, que se contaban entre los más pobres del mundo hace 40 años, se han
convertido en países dinámicos y prósperos gracias a la aplicación de políticas
de apertura al exterior.” Siendo un poco más específicos, la prosperidad se
traduce en que aquellas naciones que “mejoraron
las condiciones de vida, avanzaron en su proceso democrático; en el plano
económico, lograron progresos en cuestiones como el medio ambiente y las
condiciones de trabajo.”
Las cifras
no mienten, es real que la Globalización ha repercutido de manera positiva en
la humanidad. No obstante, vale acotar que el sistema que está permitiendo que
los países evolucionen es el capitalismo:
modelo económico propio del imperio yanqui que para algunos se interpreta como
“si tienes dinero, bien por ti; si no,
mendigo serás.” Quizás algo de cierto tenga esta frase, puesto que no todo
es color de rosa.
Esto último
se puede asegurar, ya que aún existe pobreza en cualquier punto de cualquier
continente. Sin ir muy lejos, según la Organización de los
Estados Americanos (OEA) en un estudio que se realizó en junio de 2012, cerca
de 300 millones de personas de Latinoamérica son pobres. Este número, el cual
equivale al 34% de la toda la población, es un latente ejemplo de que el
proceso de globalizar al mundo no es uniforme
en todos los lugares. Y ni qué decir de África. Los números hasta pueden
duplicarse si se comparan con los anteriores.
Dejando de lado las estadísticas, este fenómeno
contemporáneo provoca que haya una industrialización de culturas. ¿Cómo es
esto? Sencillo: exportar e importar costumbres, folklore, gastronomía,
vestimenta, etc. El libre mercado (el cual propone el capitalismo) permite que
exista este tipo de negocios. Esta es una de las principales características y
ventajas que trae consigo la Globalización. Facilita que a tu cultura la
conozcan hasta la comunidad más pequeña de la Tierra.
Al Perú le ha sentado muy bien esta última cualidad,
puesto que en los últimos años su economía ha prosperado gracias a nuestra
‘peruanidad’. Este término abarca nuestros destinos turísticos que poseemos
para ofrecer, nuestra gloriosa comida como atractivo principal, nuestras
tradiciones como los carnavales, nuestra moda y demás aspectos que generan considerables
ingresos tanto internos como externos.
Un ejemplo muy claro es lo que viene sucediendo con
la famosa “Marca Perú”, la cual se ha
propuesto impulsar nuestra cultura a todos los continentes y países del mundo.
Primero empezó por Estados Unidos con la campaña Perú Nebraska, luego se siguió expandiendo hasta llegar a Italia
con tradiciones loretanas, para después seguir con su estrategia en naciones
como España, Argentina y Canadá.
Antes se daba por sentenciado que millones de
personas no tenían conocimiento sobre qué es un apetecible cuy chactado, una ferviente
Fiesta de la Candelaria, un armonioso
huayno o un abrigador chullo. Aquella
ignorancia se eliminó gracias a la Globalización; ya que ésta interrelaciona
culturas, permitiendo el intercambio de modas, ideas, valores, pensamientos,
tecnologías, etc. En términos generales, Marca
Perú convirtió cercano lo distinto, si es que lo vemos con ojos de
extranjeros.
Pero como ya hemos dicho anteriormente, todo pro
tiene su contra. ¿Cuál sería entonces, la contra de este fenómeno para nuestro
país? Si partimos de la idea que cada vez más ciudadanos peruanos se encuentran
alienados con modas no propias de su cultura, sí estaríamos hablando de una
desventaja. Sin embargo, eso sería solo la punta del iceberg. Una de las
nefastas consecuencias que nos generaría este fenómeno, sería la de ser parte
de las crisis mundiales.
El ‘efecto dominó’ es el talón de Aquiles de la
Globalización. Solo bastaría que un país ‘caiga’ económicamente para que los
demás también lo hagan. Perú, actualmente, se encuentra tan interrelacionado
con las potencias mundiales, que si una crisis se desarrollaría en
Norteamérica, Europa o Asia, sí nos afectaría directamente. Aparte, si a eso le
sumamos que nuestro Estado no es sólido socialmente ni económicamente, una
posible depresión finiquitaría rápidamente con nuestra poca estabilidad
alcanzada. De que la podríamos solucionar, sí. Mas tomaría mucho más tiempo de
lo que normalmente un país desarrollado demoraría en recuperarse.
La ciudadanía peruana en el presente, atrapada en
las redes de la Globalización, ha llevado a sus habitantes emprendedores a una actitud completamente capitalista en su
mayoría, ciego a los valores humanos y espirituales, y resignado a las
decisiones de los que manejan los grandes capitales que mueven la economía local.
¿Cómo es que podemos ser tan indiferentes con nuestra propia comunidad?
Mientras el sistema te recuerda que sin dinero no puedes lograr nada y realizas
todo lo posible por obtenerlo; (es decir, enriqueciéndote) niños y demás
personas misérrimas de diferentes provincias mueren de hambre, de frío o de
cualquier enfermedad.
El egoísmo y la avaricia, quizá sean unos de los
defectos más grandes que desencadena el capitalismo, y de paso, la
Globalización.
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